La censura en la literatura infantil, desde sus inicios hasta la actualidad, se ha venido aplicando por motivos paraliterarios, lo que quiere decir que, los criterios con que se evalúan los libros para niños no se fundan en valores estéticos, sino en valores de índole religioso, ideológico o político, un ejemplo de esto último es la censura que se llevó a cabo
durante la dictadura militar Argentina de fines de los '70, donde no sólo
fueron prohibidos y quemados libros que
quebrantaban la protección de la niñez al cuestionar los conceptos de estado,
familia y religión, sino que eran condenados también sus productores: autores,
como Laura Devetach o Elsa
Bornemann y editoriales, como el CEAL (Centro Editor de América
Latina); los mediadores de
su lectura, maestros que eran acusados de subversivos, infiltrados en los
colegios para influir en la mentalidad de los alumnos sembrando ideas o conductas revolucionarias; e
instituciones, que promovían su
lectura, como ocurrió con algunas escuelas del país. La literatura infantil, por lo tanto, debía estar al servicio del estado, de su control dependía el estatu quo del régimen de ese entonces [1].En el caso anteriormente mencionado se evidencia que la censura, involucra a todos los agentes del circuito literario infantil, quienes decidirán tomar parte o no de esta acción.
Si fijamos la mirada en nuestra era, podemos enorgullecernos de que atrás quedaran los tiempos en que los "biblioclastas"
o quemadores de libros hacían de las suyas, sin embargo, la censura de textos infantiles ha persistido hasta hoy, aunque en menor grado y pese a que
la historia haya demostrado que, paradójicamente, los libros más censurados
suelan ser los preferidos por niños y jóvenes, como ocurrió con la exitosísima
saga Harry Potter
de J. K. Rowling en Estados Unidos [2]. Otra prueba
de ello es que año tras año las objeciones de la ciudadanía lectora recibidas
por el gobierno de este país han disminuido. Según datos investigados, los
mayores cuestionamientos a libros en los Estados Unidos entre los años 1990 a 2000 criticaban, en
orden descendiente, los siguientes temas: "sexo explícito",
"lenguaje ofensivo"; contenido "inadecuado para el grupo de
edad"; "ocultismo o promoción del ocultismo o satanismo"; contenido considerado "violento";
material con temática homosexual o "que promueve la homosexualidad" y
material "que promueve opiniones religiosas", donde más de un 70% de
las obras cuestionadas son las incluidas en el curriculum escolar y un 60% del
total de los reclamos fueron hechos por padres. [3] Serán las mismas o similares razones
las que se emplearán para objetar libros
infantiles en otras partes del mundo. Por ende, en actualidad, como se desprende la situación antes descrita, no será la política el factor que más incitará a la censura de libros infantiles, sino que la familia y la educación, para los cuales el libro es considerado un instrumento más que sirve a sus propósitos de formación y enseñanza, un instrumento que es muy sobrestimado, como afirma Elisa Corona: "Los
lectores adultos son quienes más fácilmente llenan el texto con sus
experiencias personales, sus prejuicios sobre el libro, sus interpretaciones
complejas y muchas veces injustificadas, mientras que el lector infantil se
enfrenta al texto sin el peso de tantas referencias previas."[4]
Quizás, la censura subsiste actualmente porque es uno de los engranajes que mueve el circuito literario infantil, que permite su dinamismo, ya que para que esto se produzca deben existir, por una parte, obras canónicas que se encuentren en el centro de la literatura infantil, que sean el elemento inmóvil y estable del circuito literario y, por otra parte, obras pertenecientes a una literatura menor o censurada, que no son bien aceptadas por la cultura en la que surgen por su carácter experimental, novedoso o revolucionario, ubicadas en la periferia del circuito literario infantil, el cual posee márgenes permeables que permiten que discursos no canónicos pasen a serlo, como ha ocurrido con clásicos infantiles que fueron censurados distintos momentos de la historia, como es el caso de: Alicia en el país de las maravillas de Lewis Carrol, prohibido en New Hampshire por promover "las fantasías sexuales y la masturbación", El diario de Ana Frank, rechazado en algunas escuelas de Norteamérica por considerarlo "deprimente" y por tratar "temas sexuales y homosexuales", Charlie y la fábrica de chocolate de Roald Dahl, refutado en Colorado por poseer "una filosofía de vida negativa", así, otras tantas obras que corrieron igual suerte.[5]
Quizás, la censura subsiste actualmente porque es uno de los engranajes que mueve el circuito literario infantil, que permite su dinamismo, ya que para que esto se produzca deben existir, por una parte, obras canónicas que se encuentren en el centro de la literatura infantil, que sean el elemento inmóvil y estable del circuito literario y, por otra parte, obras pertenecientes a una literatura menor o censurada, que no son bien aceptadas por la cultura en la que surgen por su carácter experimental, novedoso o revolucionario, ubicadas en la periferia del circuito literario infantil, el cual posee márgenes permeables que permiten que discursos no canónicos pasen a serlo, como ha ocurrido con clásicos infantiles que fueron censurados distintos momentos de la historia, como es el caso de: Alicia en el país de las maravillas de Lewis Carrol, prohibido en New Hampshire por promover "las fantasías sexuales y la masturbación", El diario de Ana Frank, rechazado en algunas escuelas de Norteamérica por considerarlo "deprimente" y por tratar "temas sexuales y homosexuales", Charlie y la fábrica de chocolate de Roald Dahl, refutado en Colorado por poseer "una filosofía de vida negativa", así, otras tantas obras que corrieron igual suerte.[5]
[1] ---. (2001). Los libros infantiles prohibidos por la dictadura militar en Argentina Fragmentos del fascículo Un golpe a los libros (1976-1983). 10 de mayo de 2015, de Imaginaria Sitio web: http://www.imaginaria.com.ar/04/8/prohibidos.htm
[4] Corona, Elisa. (2012). Niños, niggers, muggles. Sobre literatura infantil y censura. México D.F.: Deleátur, SC.
[5] ---. (2013). 30 libros de referencia que han sido prohibidos por la censura. 10 de mayo de 2015, de United explanations Sitio web: http://www.unitedexplanations.org/2013/04/23/30-libros-de-referencia-que-a-dia-de-hoy-son-censurados/
[2] Martínez, Ricardo. (2000). Harry Potter vence a la censura en EE UU. 10 de mayo de 2015, de El País Sitio web: http://elpais.com/diario/2000/10/29/cultura/972770403_850215.html
[3] Canteros, Laura. (2002). Por la libertad de leer El cuestionamiento de libros en los Estados Unidos. 10 de mayo de 2015, de Imaginaria Sitio web: http://www.imaginaria.com.ar/09/1/eeuu.htm
[5] ---. (2013). 30 libros de referencia que han sido prohibidos por la censura. 10 de mayo de 2015, de United explanations Sitio web: http://www.unitedexplanations.org/2013/04/23/30-libros-de-referencia-que-a-dia-de-hoy-son-censurados/
[6]
Cueva, Cristian. (2014). & libros infantiles que fueron prohibidos por la
censura. 10 de mayo de 2015, de Planeta de libro México Sitio web:
http://planetadelibrosmexico.com/6-libros-infantiles-que-fueron-prohibidos-por-la-censura/



